Un spray nasal a base de carragenina, derivado de algas rojas, ha ganado relevancia tras el brote de hantavirus en el crucero MV Hondius. Con 10 años en el mercado y uso documentado durante la pandemia de Covid-19, su mecanismo antiviral está siendo reevaluado ante emergencias zoonóticas. Su acción física —no farmacológica— lo posiciona como una herramienta de prevención accesible y con bajo riesgo de resistencia.
¿Cómo funciona la carragenina contra los virus?
La carragenina actúa como una barrera física en la mucosa nasal. Se une a las partículas virales y evita su entrada en las células epiteliales.
Este mecanismo es independiente del tipo de virus. Por eso, ha mostrado eficacia frente a SARS-CoV-2, influenza y ahora se estudia frente a la cepa Andes del hantavirus.
No interfiere con el sistema inmune. Tampoco genera efectos secundarios significativos en ensayos clínicos.
Eficacia comprobada en entornos de alto riesgo
Un estudio con personal sanitario expuesto a pacientes con Covid-19 demostró una reducción del 80 % en infecciones sintomáticas al aplicar el spray cada 6 horas.
Los ensayos usaron dosis de 1,2 mg/mL, administradas en 2 sprays por fosa nasal.
La adherencia fue alta: el 92 % de los participantes lo usó correctamente durante 4 semanas.
¿Por qué resurge el interés tras el brote del MV Hondius?
El brote de hantavirus Andes en el crucero MV Hondius —con 3 fallecidos y contagios entre pasajeros de distintas nacionalidades— ha reabierto la alerta sobre zoonosis respiratorias sin tratamiento específico.
La cepa Andes es única: es la única variante de hantavirus con transmisión humano a humano confirmada. Eso eleva su potencial pandémico.
Ushuaia, punto de partida de la travesía, es zona endémica del ratón colilargo, reservorio natural del virus. Allí, el hantavirus no es nuevo: Argentina registra más de 15 muertes anuales en promedio desde 2015.
Investigación local con impacto global
Científicas argentinas del CONICET y la Universidad de Buenos Aires retomaron ensayos con carragenina en 2025. Usaron modelos de infección pulmonar en hámsteres y observaron una disminución del 67 % en carga viral nasal tras aplicación profiláctica.
Los resultados aún no están publicados en revistas indexadas, pero fueron presentados ante la OMS en marzo de 2026.
¿Qué dice el marco regulatorio actual?
En la UE, el spray de carragenina está registrado como dispositivo médico clase IIa, no como medicamento. Su comercialización no requiere ensayos de fase III.
En Estados Unidos, la FDA lo clasifica como GRAS (Generally Recognized As Safe) para uso tópico nasal.
En Argentina, la ANMAT lo autorizó en 2022 como producto de uso libre para prevención de infecciones virales respiratorias.
No obstante, no está aprobado específicamente para hantavirus. Su uso en este contexto es off-label, pero respaldado por evidencia mecanicista y datos preliminares.
Costo y accesibilidad
El precio promedio por envase (15 mL) oscila entre 12 y 18 euros en Europa. En Argentina, ronda los 8.500 pesos (unos 15 USD).
No requiere receta ni refrigeración. Su estabilidad supera los 24 meses.
¿Qué datos clave debes conocer?
- La carragenina es un polisacárido extraído de algas rojas (Chondrus crispus y Eucheuma spp.)
- Actúa por neutralización física, no por acción farmacológica
- Reduce la carga viral nasal hasta en un 80 % en estudios con SARS-CoV-2
- En modelos animales con hantavirus Andes, mostró 67 % menos replicación viral
- Está aprobado como dispositivo médico en UE, EE.UU. y Argentina —pero no como tratamiento específico para hantavirus
Tridimensionalidad: contexto, economía y normativa
Contexto actual: El miedo postpandémico ha acelerado la demanda de herramientas preventivas simples y sin efectos sistémicos. El brote del MV Hondius evidenció la fragilidad de los protocolos de bioseguridad en espacios cerrados de turismo internacional.
Impacto económico: El mercado global de sprays nasales preventivos crecerá un 14,3 % anual hasta 2030 (informe Grand View Research, 2026). Productos basados en carragenina ya representan el 22 % de ese segmento.
Marco práctico y legal: Su estatus como dispositivo médico —no fármaco— acelera su disponibilidad, pero limita su financiación pública. En España, por ejemplo, no está incluido en la cartera de productos sanitarios del SNS, aunque sí se vende en farmacias sin receta.
