Las tensiones geopolíticas actuales han llevado a muchos expertos a prever un futuro incierto, donde la posibilidad de un conflicto global se vuelve cada vez más real. Ivan Ureta, director de Formación Ejecutiva del Centro de Ginebra para la Política de Seguridad (GCSP), ha expresado su preocupación sobre el rumbo que están tomando las relaciones internacionales. Según Ureta, el mundo se encuentra en una encrucijada, donde la diplomacia tradicional parece estar perdiendo su efectividad frente a un panorama global cada vez más complejo y fragmentado.
### La Diplomacia en Tiempos de Crisis
La historia ha demostrado que la diplomacia puede ser una herramienta poderosa para evitar conflictos. Sin embargo, Ureta sostiene que la situación actual es alarmante. La reciente reunión entre Donald Trump y Vladímir Putin en Alaska ha sido vista como un intento de legitimar a un líder que ha sido objeto de sanciones internacionales. Esta dinámica no solo afecta a Ucrania, el país invadido, sino que también pone en entredicho la capacidad de Occidente para mantener una postura unida frente a la agresión rusa.
Ureta señala que la comunidad internacional está enfrentando un dilema: negociar con un agresor mientras se ignora a la parte afectada. Este enfoque podría llevar a una rendición de Ucrania, lo que a su vez podría debilitar el apoyo de los países europeos que respaldan a Kiev. La falta de una estrategia clara y unificada está creando un vacío que podría ser aprovechado por potencias como Rusia, que buscan reconfigurar el orden mundial a su favor.
La fragmentación del orden global, que se ha ido gestando desde la caída del Muro de Berlín, ha llevado a un mundo multipolar donde las viejas reglas ya no aplican. Ureta argumenta que, en lugar de avanzar hacia un nuevo equilibrio, estamos regresando a un estado de caos donde las instituciones multilaterales, como las Naciones Unidas, se ven cada vez más impotentes. La falta de representación de países emergentes en el Consejo de Seguridad es un claro ejemplo de cómo el sistema actual está desactualizado y necesita una reforma urgente.
### La Amenaza de un Conflicto Híbrido
Uno de los aspectos más preocupantes que Ureta menciona es la posibilidad de que un conflicto global no se desarrolle de la manera tradicional, sino que adopte la forma de una guerra híbrida. Este tipo de conflicto combina elementos de guerra convencional con tácticas no convencionales, como ciberataques, propaganda y conflictos regionales que pueden prolongarse indefinidamente. En este contexto, un incidente menor podría escalar rápidamente, llevando a una respuesta militar que involucre a potencias nucleares.
La situación en Ucrania y Gaza son ejemplos claros de cómo los conflictos regionales pueden tener repercusiones globales. Ureta destaca que la guerra en Gaza, con sus raíces históricas profundas, ha alcanzado un nivel de destrucción sin precedentes. La respuesta militar de Israel ha sido criticada por su brutalidad, y las propuestas de líderes como Benjamín Netanyahu, que sugieren soluciones drásticas como el desplazamiento de palestinos, solo complican aún más la situación.
La comunidad internacional se enfrenta a un dilema: ¿cómo presionar a Israel sin perder la legitimidad y el apoyo de Estados Unidos, su aliado más cercano? Ureta sugiere que la clave podría estar en reconocer el derecho de ambos pueblos a la seguridad, lo que implicaría un reconocimiento mutuo de los Estados de Israel y Palestina. Sin embargo, la influencia de los lobbies pro-Israel en Estados Unidos complica aún más esta situación, haciendo que cualquier intento de presión internacional sea difícil de implementar.
La creciente influencia de China en el escenario global también añade una capa de complejidad. A diferencia de Occidente, que a menudo actúa de manera reactiva, China ha adoptado un enfoque a largo plazo, utilizando su diplomacia económica para establecer relaciones sólidas en África y otras regiones. Este modelo puede resultar más atractivo para muchos países en desarrollo que el de las democracias liberales, lo que podría cambiar el equilibrio de poder en el futuro.
Ureta concluye que, aunque la situación es preocupante, no ha perdido la esperanza en la diplomacia. Sin embargo, enfatiza la necesidad de un cambio en la forma en que se lleva a cabo. La diplomacia debe ser vista como un esfuerzo preventivo, no reactivo, y debe adaptarse a las realidades del mundo actual. La comunidad internacional necesita repensar sus herramientas y estrategias para abordar los desafíos contemporáneos de manera efectiva. Solo así se podrá evitar que el caos actual se convierta en un conflicto global devastador.